sábado, 6 de diciembre de 2008

LA AVENTURA DE SER DOCENTE

Es probable que yo sea la persona con más suerte del mundo.
Mis padres nos enseñaron con el amor y la pasión necesaria que ser libres era hacer lo que debíamos hacer y muchas veces esto no tenía relación con lo que queríamos hacer.
Aprendimos en un proceso de ensayo y error paternal a respetar nuestras ideas, inquietudes, a ser tolerantes con nuestros errores y corregir siempre lo que podía ser corregido.
Tuve maestros de primaria que con muchas limitaciones, ahora lo comprendo, hacían lo que pensaban era correcto y que con mucho acierto permitieron que niños con ansias de aprender leyeran cuentos en esos ratos en que la tarea ya estaba hecha y faltaba tiempo para la campana de salida.
Leyendo el texto de José M. Esteve, la memoria me remitió a este periodo de tiempo de infancia y niñez que marcaron mi vida.
Pensé en cómo, a pesar de mi vocación de ser docente, muchas veces, pasé tiempo pensando por qué una clase no había salido como yo pensaba y lo que tendría que volver a hacer, y esa ansiedad de no saber que cambiar…
Y me reí del camino andado…
Nada se ha perdido y nada se perderá, se rescata de los errores y de los éxitos.
Y ahora creo, que para mí, la fórmula es simple, trabajar en la clase, como si la que estuviera en el pupitre, a la expectativa, fuera yo misma.

No hay comentarios: